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Ciudad de México.— En la Parroquia de Santa Lucía, en la Diócesis de Azcapotzalco, Ciudad de México, un sacerdote combina el alzacuello con una máscara de lucha libre para encontrarse con niños y jóvenes en uno de los deportes más populares de México. Sobre el ring, Fuerza Divina no busca espectáculo sino cercanía, disciplina y una forma concreta de transmitir valores desde la fe católica.
Sacerdote en el circuito independiente
Fuerza Divina cumple 15 años como sacerdote diocesano y el mismo tiempo como luchador profesional dentro del circuito independiente. Su doble vocación se desarrolla sin abandonar el ministerio pastoral ni las responsabilidades parroquiales. Por esa razón no pertenece a empresas con agendas fijas sino a un esquema que le permite cumplir primero con la comunidad y, cuando es posible, subir al cuadrilátero.
La parroquia se convirtió también en espacio deportivo. Ahí funciona una escuela de lucha libre donde participan niños, adolescentes y adultos, con un ring instalado para clases y funciones abiertas a la comunidad. El deporte se integra a la vida parroquial como una herramienta de formación y convivencia.

La lucha libre como vocación temprana
El interés por la lucha libre apareció en la infancia. Aunque la fascinación estuvo presente desde pequeño, sus padres le exponían la dureza de ese deporte. Durante el seminario mantuvo una vida deportiva activa en disciplinas como básquetbol y futbol, hasta que el rumbo cambió en la etapa de formación al diaconado.

El encuentro con Fray Tormenta marcó un punto de inflexión. El histórico sacerdote-luchador lo invitó a entrenar con los Cachorros de Fray Tormenta, grupo que surgió alrededor del orfanato fundado en Texcoco, Estado de México. A partir de ahí inició una preparación formal con distintos profesores de lucha libre y asumió el deporte como una vía de evangelización dirigida a nuevas generaciones.
Legado de Fray Tormenta
Fuerza Divina forma parte de una tradición poco común dentro de la Iglesia mexicana. Fray Tormenta, cuyo nombre es Sergio Gutiérrez Benítez, alternó durante años el ministerio sacerdotal con la lucha profesional para sostener un orfanato que llegó a albergar a más de 200 niños en situación de abandono. Muchos de ellos cursaron estudios profesionales y encontraron un camino distinto al de la calle.
Ese antecedente abrió una puerta que hoy continúa en Azcapotzalco. El ejemplo de Fray Tormenta permanece como referencia de una labor social que combinó fe, deporte y atención directa a la niñez vulnerable.

El ring como metáfora de la vida
Para Fuerza Divina, la lucha libre representa una lectura cotidiana de la vida cristiana. El cuadrilátero expone esfuerzo, caídas y disciplina, elementos que se repiten en la experiencia humana y espiritual. Cada combate exige preparación, dominio del cuerpo y control de las emociones, en especial de la ira.
La técnica busca proteger al compañero. Los movimientos aparentan impacto, pero están diseñados para evitar daño. Por ello el entrenamiento y la licencia profesional resultan indispensables.
Fuerza Divina cuenta con licencia del Estado de México y tramita la correspondiente a la Ciudad de México, requisito que garantiza seguridad y responsabilidad dentro del deporte.
Vía de cercanía con niños y jóvenes
La presencia del sacerdote en el ring genera una relación distinta con la comunidad. Niños y jóvenes se acercan con confianza para pedir orientación. Algunos encuentran en el deporte una alternativa frente a adicciones, violencia o dinámicas de aislamiento. Otros participan en retiros y actividades parroquiales a partir del vínculo construido en el entrenamiento.
La escuela de lucha recibe a personas de distintas edades. No todos continúan debido a la exigencia de la disciplina, pero quienes permanecen incorporan rutinas, hábitos y un sentido de compromiso que trasciende el ámbito deportivo.

Obediencia y autorización eclesial
El ejercicio de la lucha libre no es secreto y cuenta con el permiso del obispo de la Diócesis de Azcapotzalco, Adolfo Miguel. La actividad deportiva de Fuerza Divina se desarrolla bajo el principio de obediencia y con prioridad en el servicio parroquial. El propio sacerdote subraya que el ministerio no impide actividades deportivas o artísticas siempre que se respeten los compromisos pastorales.
Esta apertura se inscribe en una visión de evangelización que busca nuevas formas y lenguajes para transmitir el Evangelio, sin desplazar la centralidad de la vida sacramental.
Origen de la máscara
La identidad de Fuerza Divina se completa con una máscara cargada de símbolos. El diseño surgió en un sueño que lo llevó a dibujar el concepto de inmediato. El equipo fue elaborado por el luchador Euphoria, del Consejo Mundial de Lucha Libre.

El triángulo representa a Dios Padre. La cruz al centro simboliza a Jesucristo como salvación. La paloma alude al Espíritu Santo. Las flamas evocan Pentecostés y el nacimiento de la Iglesia. Las ínfulas recuerdan la mitra episcopal y el magisterio. El alfa y omega remiten al principio y fin de todas las cosas. Cada elemento conecta la identidad luchística con la fe que profesa.
Misión que continúa
En Santa Lucía, Azcapotzalco, la lucha libre convive con la misa, el entrenamiento con la catequesis y el ring con el altar. Fuerza Divina encarna una forma singular de presencia pastoral que dialoga con la cultura popular sin abandonar el rigor del ministerio sacerdotal.

A 15 años de iniciar este camino, el sacerdote-luchador mantiene una misión clara: acompañar, formar y ofrecer a niños y jóvenes una alternativa donde el deporte, la disciplina y la fe se encuentren en un mismo espacio.
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