Contenido
- 1 De la crítica al feminismo a una propuesta de corresponsabilidad
- 2 El punto de inflexión
- 3 Del escepticismo al compromiso
- 4 Un feminismo que trasciende la lucha
- 5 El poder de la complementariedad
- 6 De la idea a la acción
- 7 Una voz que genera conversación
- 8 Hacia una nueva cultura de igualdad
- 9 Un liderazgo que inspira
De la crítica al feminismo a una propuesta de corresponsabilidad
A veces, las grandes transformaciones comienzan con una duda.
Paulina Amozurrutia nunca imaginó que terminaría hablando sobre el feminismo. Durante años lo observó desde lejos, con una mezcla de escepticismo y desinterés. “Me parecía un movimiento extremo, lleno de confrontaciones y sin un punto claro de encuentro”, recuerda. Pero la vida —y las causas justas— suelen encontrar su camino incluso entre quienes las miran con distancia.
Un día, recibió una invitación para participar en el Comité sobre la Condición Jurídica y Social de la Mujer (CSW) de la ONU. Su reacción fue inmediata: “Manden a alguien más, hay personas mucho más preparadas que yo”. Sin embargo, le insistieron: “Por eso te mandamos a ti”. Aceptó la invitación sin saber que aquel viaje marcaría un antes y un después en su historia personal.
No me podía callar. #Mafia #IrmaHernándezCruz #Maestra#Jubilada #Crimen #ClaudiaSheinbaum#Mañaneras #Silencio #Viral #Tendencia pic.twitter.com/knQ427iM98
— Paulina Amozurrutia (@pauamozurrutia) July 29, 2025
El punto de inflexión
En la sede de la ONU, Paulina descubrió algo que le inquietó profundamente: dos bandos que parecían más interesados en ganar una discusión que en construir soluciones. Por un lado, discursos de victimización; por el otro, posturas que negaban realidades dolorosas. En medio, un vacío de diálogo, empatía y soluciones reales.
Fue ahí cuando comenzó a gestarse un cambio interior. “Me di cuenta de que estábamos perdiendo el propósito de fondo: construir un mundo más justo para todas las personas”, explica.
Regresó a México con una nueva convicción: la causa de la mujer debía defenderse con ciencia, evidencia, propuestas y diálogo, no desde la confrontación. Había comprendido que la igualdad real solo es posible cuando hombres y mujeres son vistos como igualmente dignos, corresponsables y complementarios, no como adversarios.
Del escepticismo al compromiso
Ese viaje a la ONU no solo amplió su perspectiva, también la confrontó con sus propias posturas. En un principio, se reconocía ajena a las luchas femeninas; pero al conocer historias de mujeres violentadas, la distancia se convirtió en compromiso. “Cuando ves las llagas reales de la violencia, no puedes quedarte al margen”, afirma con convicción.
Tiempo después, decidió escribir un artículo que titularía “El feminismo debe morir”. Lo publicaron medios nacionales durante el Día Internacional de la Mujer. La frase provocó polémica inmediata: algunos la aplaudieron por su valentía, otros la criticaron con dureza. En el fondo, su mensaje era claro y profundamente esperanzador:
“El feminismo debe morir el día en que ya no sea necesario luchar por lo obvio: la igualdad, la dignidad y el respeto entre hombres y mujeres”.

Un feminismo que trasciende la lucha
Su propuesta no niega los avances del movimiento ni la necesidad de seguir levantando la voz por las mujeres, se sitúa desde un “feminismo científico, propositivo y dialogante”, un enfoque que se basa en los derechos humanos y busca igualdad de derechos, oportunidades y responsabilidades, alejándose de la búsqueda de superioridad de unos sobre otros.
Para ella, el error ha sido reducir el feminismo únicamente a los derechos sexuales y reproductivos, dejando de lado el contexto de las problemáticas, el papel de los hombres en las dinámicas que victimizan a las mujeres y la necesidad de corresponsabilidad en la familia y la sociedad.
En sus conferencias suele repetir: “La verdadera igualdad no se conquista desde la posición de víctima, sino desde la madurez, el trabajo y la libertad real”.
El poder de la complementariedad
Como madre de dos hombres y dos mujeres, Paulina ha vivido la búsqueda de la equidad en su experiencia cotidiana. En casa no hay bandos, hay colaboración. Enseña a tus hijos e hijas a ser autónomos dentro y fuera del hogar, que la familia es un espacio en el que todos los integrantes colaboran poniendo talentos y servicio para que las dinámicas funcionen, porque los sueños de hombres y mujeres son igualmente valiosos y válidos.
Su visión del futuro es clara: “Quiero que mis hijos e hijas algún día puedan decir: ‘Ya pasó’. El feminismo ha cumplido su propósito y ha dejado de ser necesario porque la igualdad ya es una realidad”.
Ese ideal no surge de la ingenuidad, sino de la convicción de que hombres y mujeres poseen la misma capacidad de responsabilidad, decisión y trabajo en equipo. Cuando esa cultura madura, las cuotas y medidas extraordinarias dejan de ser necesarias, porque la igualdad ya es sustantiva.
Para eso llegaron? Pff #CuauhtémocBlanco pic.twitter.com/oRkZghA1nA
— Paulina Amozurrutia (@pauamozurrutia) March 27, 2025
De la idea a la acción
De ese proceso interior surgió la creación de una fundación de mujeres con enfoque en corresponsabilidad. Una plataforma que busca unir ciencia, propuesta y diálogo con acción práctica, inspirada en las propuestas de los países nórdicos, que han logrado sociedades más corresponsables y con posibilidades de vida plenas para hombres y mujeres:
“Mujeres que no piden permiso para trabajar, hombres que no se sienten menos por cuidar niños, y familias que viven la equidad en su vida cotidiana, señala.
Su visión es clara: formar liderazgos femeninos capaces de transformar, gobernar y amar al país. “No se trata de ocupar espacios sólo por género, sino por mérito, compromiso y capacidad de servir. Las cuotas pueden ser un medio, pero no un fin. Deben desaparecer cuando ya no haya distinciones de género”, explica.
Una voz que genera conversación
El impacto de su postura la ha llevado a foros, entrevistas y debates donde insiste en un punto central: no hay verdadera justicia social si excluimos a la mitad de la humanidad del diálogo.
En lugar de promover divisiones, busca tender puentes. Defiende un discurso donde la corresponsabilidad sustituye la competencia y donde la igualdad se entiende como una meta compartida.
En sus palabras, “necesitamos dejar de medirnos en términos de quién tiene más heridas o quién ha sufrido más. Lo que necesitamos es sanar juntos”.
Hacia una nueva cultura de igualdad
La agenda de transformación que impulsa Paulina propone tres pilares:
- Educación integral en corresponsabilidad, desde la infancia y el hogar.
- Liderazgos femeninos formados en ciencia, diálogo y servicio, capaces de construir propuestas que unan distintas posturas en lugar de polarizarlas.
- Participación masculina activa en la transformación social, desde la paternidad, el trabajo y la vida pública.
Su objetivo es medir los avances en indicadores de autonomía y madurez cívica, tanto de mujeres como de hombres.
Un liderazgo que inspira
Paulina Amozurrutia es parte de una generación de mujeres que no temen disentir ni proponer. Su fuerza no proviene del enojo, sino de la convicción. Habla con firmeza, pero también con apertura, convencida de que la única forma de avanzar es desde la escucha y las propuestas que integran diferentes posturas.
Ella nos recuerda que el verdadero cambio social comienza cuando transformamos la mirada: cuando dejamos de ver enemigos y empezamos a reconocer al otro como compañero de camino.

Paulina no busca protagonismo ni aplausos. Busca coherencia. Cree que la libertad, la verdad y el servicio a los demás son los únicos cimientos capaces de sostener una sociedad justa.
En su narrativa y en su vida, hay una invitación clara: abandonar la polarización y construir una cultura de diálogo y corresponsabilidad.
Su historia nos recuerda que el feminismo no debe ser una trinchera, sino un puente. Que la igualdad real no se impone, se construye. Y que la plenitud humana florece cuando mujer y hombre se reconocen, se complementan y deciden avanzar —no uno contra el otro—, sino juntos, hacia el mismo horizonte.
¿Dónde seguirla y por qué hacerlo?
Porque su voz llega cuando las respuestas fáciles ya no bastan. Paulina no se conforma, cree que la plenitud humana florece cuando la mujer y el hombre caminan en corresponsabilidad, no en confrontación.

Sus reflexiones —desde la familia, el trabajo, la sociedad y la trascendencia— invitan a ver más allá de etiquetas y trincheras. Cuando escribe o dice que “el feminismo debe morir”, lo hace pensando en el día en que ya no sea necesario luchar por lo obvio: igualdad, dignidad y corresponsabilidad.
Si te interesa un enfoque que promueva el diálogo, la colaboración y la transformación auténtica, sus redes son un buen lugar para inspirarte, preguntar y actuar.
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