Connect with us

¿Qué deseas buscar?

Pasantes DF
Pasantes DF

México

Soy Tribu: el viajero y su madre, siete años después, la mirada que lo vio crecer

Ciudad de México.— El reencuentro ocurre en la sala de un hogar cargado de recuerdos. Frente a frente, una madre y su hijo rompen la distancia de siete años. Él es Agustín Ostos, español de 35 años, creador de “Soy Tribu”, proyecto que lo llevó en motocicleta desde Chile hasta Alaska durante siete años.

Ella lo observa con el corazón, mientras la cámara de la memoria revive campamentos, excursiones y viajes en scooter que marcaron la infancia de aquel niño inquieto.

“Mamá, me voy por un año a dar la vuelta al mundo”. La madre recuerda las palabras de su hijo, con la paciencia de quien ha visto crecer a su pequeño demasiado rápido: “No, yo no te dije un año. Serán 4 o 5 años”, corrige Agustín. Sonríen, ambos saben que el tiempo ha sido relativo en una aventura que empezó en casa y terminó en cada carretera de América.

Señales del destino en la infancia

Ambos recuerdan los campamentos, las mochilas y los sacos de dormir, pequeños presagios de un futuro aventurero. Los viajes al extranjero, aprender inglés de manera improvisada y explorar los pueblos vecinos en scooter con el poco dinero que tenía. “El pueblo se me quedaba pequeño”, dice. Ella asiente, comprendiendo que su hijo siempre buscó horizontes más amplios.

Las excursiones familiares por la Sierra de Cazorla aparecen como recuerdos luminosos que todavía inspiran a Agustín. Él reconoce en sus padres virtudes que lo acompañan: “De ti, mamá, el desparpajo y la espontaneidad. De papá, la cordialidad, la educación, la inteligencia”. Ella lo mira y ríe: “Eres puro corazón”.

El adiós que dolió y enseñó

La estación de Mérida fue el escenario de un adiós doloroso. La madre lo vio partir y lloró en el banco mientras el autobús avanzaba. “Me dio mucha pena, pero sabía que ibas a estar bien”, recuerda. Agustín admite que nunca pensó en cómo se sentiría ella: “Estaba centrado en lo que yo quería vivir. Si me ponía a analizarlo, no habría salido”.

El viaje no fue solo geográfico. Fue un viaje hacia el autoconocimiento, hacia el descubrimiento de la propia libertad y la fuerza de los lazos familiares que, a pesar de la distancia, sostienen los sueños más grandes.

Aprendizajes de vida

El camino enseñó a Agustín que la familia es un refugio indispensable. “He aprendido que una persona sin familia está desamparada. Hay una relación directa entre problemas de adicciones o violencia y la ausencia de un miembro fundamental. Yo tuve mucha suerte con ustedes”, confiesa.

Su madre recuerda su infancia: “Te recuerdo como un niño feliz. Nunca te pegamos. Alguna bronca injusta sí, pero siempre con respeto”. Él sonríe: “Me abriste la puerta y me dejaste ir”.

Madre e hijo, espejo de aprendizajes

La conversación se convierte en espejo y revelación. Agustín reconoce que aprender de su madre y de la vida en ruta le enseñó paciencia, respeto y comprensión del prójimo. La madre admira su valentía, incluso en las caídas con la moto, y se asombra de la resiliencia de un hijo que aprendió más en la carretera que en cualquier aula.

LEE Madre de Carlo Acutis a los jóvenes mexicanos: “Son llamados a ser santos, no fotocopias”

Se definen con pocas palabras. Ella: “Corazón y comida”. Él: “Intenso, puro corazón, un poquito soberbio”. Ríen, se reconocen y aceptan las diferencias que, lejos de separarlos, fortalecen el vínculo familiar. Agustín recuerda que la familia es su tribu, y en casa, se adapta a ella, como ha hecho siempre en el mundo.

Sueños, futuro y gratitud

Entre planes de saltos en paracaídas y viajes futuros, surge la idea de un libro titulado El camino del viento. “El viento no sigue un camino marcado, allá donde sople es hacia donde va”, explica Agustín. La madre ríe, emocionada, y ambos imaginan una mesa familiar llena de música, risas y conversaciones interminables.

Finalmente, se miran a los ojos, conscientes de que lo vivido no puede reducirse a kilómetros recorridos ni a aventuras digitales. “Cuando más feliz te he visto es cuando volvías con ganas de estar en familia. He hablado más contigo en estos años que en los cinco de carrera en Madrid. Ahora me gusta que estés aquí”, confiesa ella. Él responde: “A mí también me gusta estar aquí ahora. Gracias por haberme parido y enseñarme a volar. Te quiero”.

La travesía inicia y termina en casa

Siete años de distancia no borraron la conexión entre madre e hijo. La aventura de Agustín y su proyecto “Soy Tribu” se construyó sobre la base de la familia, del amor y del reconocimiento de que los vínculos son tan esenciales como cualquier camino por recorrer.

La verdadera travesía empieza y termina en casa, donde se aprende a mirar, a escuchar y a crecer juntos. Madre e hijo se reencuentran, conscientes de que el mayor viaje es descubrirse y encontrarse en el otro.

📲 Comparte y dialoga con nosotros en WhatsApp

ebv

The post Soy Tribu: el viajero y su madre, siete años después, la mirada que lo vio crecer appeared first on Siete24 Noticias con proposito y sentido humano.

Cortesía de Siete24




Dejanos un comentario:

Te podría interesar