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Ciudad de México.— La vida de Jorge “El Travieso” Arce no se entiende sin un pacto íntimo con Dios. El exboxeador que conquistó cinco campeonatos mundiales y levantó el nombre de México en los cuadriláteros, recuerda con claridad el día en que todo cambió. Fue una oración desesperada en una iglesia de Los Mochis, Sinaloa, la que marcó el rumbo de su destino.
El accidente que encendió la fe
En su juventud, Jorge enfrentó uno de los momentos más dolorosos de su vida. Su padre, Óscar Arce, sufrió un accidente mientras soldaba y llegó al hospital entre la vida y la muerte. Los médicos pidieron a la familia despedirse de él. Jorge, con el corazón encogido, le tomó la mano y le hizo una promesa: si sobrevivía, él se convertiría en campeón mundial de boxeo.
Pacto con Dios
Enfrente del hospital está la iglesia de San José y sintió un llamado profundo. Entró y elevó una plegaria: “Señor, no te lleves a mi padre”.
“Yo hice un pacto con Dios, Señor le digo, no te lleves a mi padre, si tú me dejas a mi padre yo te prometo servirte todos los días de mi vida”.
Tiempo después, su madre le dio la noticia de que su padre había salido del peligro. Desde entonces, “El Travieso” que soñaba de niño con unos tenis de marca y con un Atari, supo que su vida ya no sería la misma.
“Entré a la iglesia de San José y dije, gracias. Aquí en adelante, acabas de ganar un hijo más tuyo. Y aquí en adelante te prometo servirte todos los días de mi vida”.
Palabra cumplida en el cuadrilátero
“Mi papá me enseñó el valor de la palabra”, recuerda el exboxeador. Esa enseñanza y su fe en Dios se convirtió en el motor que lo impulsó a no abandonar la promesa. El esfuerzo fue inmenso. Nacido en la colonia Obrera de Los Mochis, Jorge creció con carencias que lo forjaron en la disciplina. “Yo desayunaba huevo, comía huevo y cenaba huevo”, comparte cuando habla de su infancia.
De aquellas limitaciones nació la determinación de vencer la pobreza. Su talento para el boxeo, sumado a la fe y el camino que Dios tenía para él, lo llevó a conquistar cinco títulos internacionales y escribir su nombre en la historia del deporte mexicano.
Plan Divino de Dios
El Travieso no se limita a recordar victorias deportivas en charlas, su mensaje se dirige a niños y jóvenes, a quienes repite que todos nacen con un plan divino de Dios. “Antes que tú nacieras, yo te conocía”, cita de la Biblia con convicción, convencido de que cada persona llega al mundo con un propósito y un talento único que debe descubrir.
Esa certeza es la que lo mueve a hablar de esperanza, de esfuerzo y de fe. Su vida es un testimonio de que la oración que hizo de joven en aquella iglesia no fue solo un momento, sino el inicio de un camino que lo llevó a servir a Dios dentro y fuera del ring.
Retiro con la familia
Tras una carrera brillante, Arce colgó los guantes en 2012, después de enfrentarse al filipino Nonito Donaire. Eligió retirarse para dedicarse a sus tres hijos y a entrenar a jóvenes, convencido de que su experiencia puede guiar a nuevas generaciones. Su misión ya no está en ganar cinturones, sino en transmitir valores y fe a quienes lo escuchan.
Continuidad de una promesa
Hoy, cada noche, Jorge Arce se arrodilla para agradecer a Dios por un día más de vida. La oración de aquel niño sigue viva en el hombre que, más allá de los triunfos deportivos, se sabe hijo de Dios. Su historia no es solo la de un campeón del boxeo, sino la de alguien que entendió que la verdadera victoria está en servir y dar esperanza.
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